Creencias y dogmas

Desde el principio de los tiempos, el hombre está buscando la verdad. Hace miles de años, nuestros antepasados, se sentaban bajo las estrellas, y alrededor de la fogata discutían y se hacían las mismas preguntas que nos hacemos hoy en día. ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Existe un Dios? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Estamos solos en el Universo?

El Zen es muy pragmático y realista. Es esencialmente una práctica, una experiencia, no una teoría o un dogma. El Zen no se adhiere a ninguna filosofía o fe específica, y no tiene ningún dogma que sus seguidores deban aceptar o en el que deban creer, pero tradicionalmente acepta los conceptos de karma y samsara. Para nosotros los occidentales, esto es muy diferente de nuestra religión cristiana y está llena de dogmas.

El Zen no busca responder a preguntas subjetivas porque estas no son cuestiones importantes para el Zen. Lo que realmente importa es el aquí y el ahora: no Dios, no el más allá, sino el momento presente y la práctica de la meditación (zazen).

Además, el Zen cree firmemente que nadie conoce las respuestas a esas preguntas y que son imposibles de responder debido a nuestra condición limitada. La vida es un sueño, una gran ilusión que percibimos a través del filtro de nuestra personalidad, nuestras experiencias, nuestro ego. Es una gran obra de teatro en la que no vemos a todos los actores y en la que apenas comprendemos el papel de los que vemos.

El Zen acepta gustoso la idea de que los hombres son solo hombres y nada más. El hombre, siendo lo que es, no puede responder a las preguntas imposibles de la vida sin caer en la trampa de la ilusión. Nadie sabe las respuestas a las preguntas profundas sobre la vida y la muerte.

Creencias Budistas Zen
Creencias Budistas Zen

Estas preguntas son imposibles de responder, dada la limitada esfera de conocimiento que viene con la condición de ser un ser humano. Como dijo el Maestro Taisen Deshimaru: «Es imposible dar una respuesta definitiva a esas preguntas, a menos que se sufra de un trastorno mental importante».

¿Significa esto que el Zen cierra la puerta a los fenómenos metafísicos? No, en absoluto! El Zen no puede confirmarlos ni negarlos, por lo tanto, es mejor permanecer en silencio y vivir simplemente en el momento.

El Zen no busca responder a las preguntas subjetivas relacionadas con Dios, la vida después de la muerte, la reencarnación y el espiritualismo.

¿Qué piensa entonces el Zen de las creencias religiosas? Como dijo un gran Maestro Zen: «La fe es como pintar las paredes de tu habitación con barro, y luego tratar de convencerte de que es hermosa y huele bien». La fe es una ilusión, un sueño que consideramos fuertemente real, pero que en realidad solo empobrece la verdadera espiritualidad del hombre. La fuerza de nuestra fe y nuestra convicción no tiene nada que ver con el hecho de que una creencia sea verdadera o no. La veracidad de nuestra fe está solo en nosotros, en ningún otro lugar.

Las religiones se sienten obligadas a dar respuestas a todo como signo de su «gran sabiduría», pero para el Zen, no dar ninguna respuesta es en realidad la gran sabiduría.

Una verdadera religión muestra al hombre cómo pensar y no qué pensar, por lo tanto, debemos aprender a hacer grandes preguntas en lugar de buscar grandes respuestas.

Deja un comentario

Esta web utiliza cookies, puedes ver aquí la Política de Cookies